Sexo, muerte y deseo en Wanderlust

Sevilla, 12 de Diciembre de 2018. La brújula de nuestro corazón no suele llevarnos al puerto al que realmente queremos arribar. Como se ha dicho siempre, conseguimos lo que queremos, pero no lo que necesitamos. Por ello, hay quienes se dan de bruces al darse cuenta de que en muchas ocasiones el matrimonio está lejos de ser el paraíso que imaginaban. Este panorama de las relaciones nos empuja a buscar luz en otros sitios o en otras personas de formas que nunca nos habíamos planteado… esto es precisamente lo que nos retrata “Wanderlust”, ya que aunque los anuncios no paran de mostrar a Joy (Toni Collette) en pleno clímax sexual, lo cierto es que la serie jamás podría ser catalogada como erótica. Esta coproducción entre la televisión británica y Netflix nos invita a reflexionar sobre las relaciones presentándonos a personajes que hallan a través de sus experiencias sexuales, la profunda necesidad de conectar y encontrar unos brazos que nos sostengan ante la realidad de la muerte.

Amor y muerte: las relaciones de Payne

Durante el rodaje de "Wanderlust", a Toni Collette le dijeron que sería la primera mujer en tener un orgasmo en la BBC (cosa que no es cierta). Y es verdad que el relato gira en torno al sexo pero está claro que el tema principal para su guionista, Nick Payne (Inglaterra, 1984), es el matrimonio y las relaciones, en general: Joy y Alan Richards (Steven Mackintosh) se dan cuenta de que el sexo en su matrimonio ya no es lo que era. Se perdió la pasión y la torpeza en la ejecución sólo añade más frustración. Tras descubrir que ambos han tenido recientemente un escarceo amoroso, ella plantea el experimento: continuar con sus respectivas “aventuras” con la condición de “volver siempre a casa” y no destrozar su familia. “Es la diferencia entre un tentempié y una comida” responde Alan, aprobando la propuesta de su esposa.

La escena en la que el matrimonio toma la decisión de buscar una vida sexual más activa fuera de la relación sorprende por su relativa serenidad. Joy, como buena terapeuta, intenta hablar claramente del tema sin dar muchos rodeos; no faltan argumentos, son personas adultas tomando decisiones racionales sin dejarse llevar por el torrente emocional. Es una pareja libre de todo prejuicio religioso o moralista. El problema es que en realidad ¡nadie toma una decisión sin ataduras! Nuestra razón queda subyugada al deseo o a las emociones y la vida misma nos demuestra que la línea que separa lo afectivo de lo racional es sólo una ilusión. Sobre todo cuando hablamos de sexo o de la muerte.

Nick Payne muestra bastante interés por la dinámica que se crea entre las parejas cuando la consciencia de la muerte está más presente que nunca. En 2012, el Royal Court Theatre de Londres estrenaba “Constellations”, protagonizada por Rafe Spall y Sally Hawkins. En este aclamado relato de tan solo una hora de duración, Payne juega con la idea de una relación que se enfrenta a la realidad de un mundo cuántico en el que cada decisión lleva a sus personajes a un universo paralelo distinto. La obsesión con el “efecto mariposa” llega a tal punto que los espectadores pueden llegar a escuchar el mismo diálogo dos o tres veces con matices sutiles. Al final de la obra, tanto los protagonistas como la audiencia reconocen que no hay universo, ni dimensión que nos ayude a escapar de la muerte y el dolor que conlleva la separación. “Constellations” acaba con la misma escena con la que comienza, con los protagonistas presentándose por primera vez en una barbacoa en una dimensión alterna, dando a entender que si existiese algún consuelo para el fin de nuestros días, este tiene que estar en una historia de amor que se perpetúe por la eternidad.

Sexo salvador

La visión que el autor adopta con respecto al sexo y la infidelidad es una de las cuestiones más interesantes y controvertidas de Wanderlust. Payne toma cierta distancia con aquellos que teorizan con relaciones sin exclusividad, ni fronteras, donde “el amor no tiene límites” siempre y cuando haya sinceridad. “No hay nada de honesto en esto”, grita Marvin (William Ash), el primer amante de Joy, al enterarse del acuerdo al que han llegado los Richards. El lenguaje romántico e idílico del poliamor lo que más esconde es precisamente la verdad sobre las motivaciones detrás de tanto “amor ilimitado”. No es casualidad que los directores, Luke Snellin y Lucy Tcherniak, colocasen “Use me” (“Úsame”) de Bill Waters como banda sonora mientras los protagonistas se dirigen a sus respectivas citas extramaritales.

Pero curiosamente Payne no sólo parece desmarcarse de las relaciones abiertas, sino también de aquellos que defienden radicalmente la idea de que el matrimonio y la monogamia son tendencias innatas que sólo algunos “degenerados allá fuera” intentan pervertir. La historia de infidelidad entre Joy y Alan no comienza con un intruso o intrusa que pretende seducir a uno de los conyugues. Al contrario, son ellos mismos los que se dejan llevar por un impulso que mezcla curiosidad y deseo con frustración y desesperanza. La infidelidad es mucho más que el fracaso a la hora de seguir un modelo moral determinado. Como ocurre con los personajes de Payne, todo comienza por asomarnos al abismo del otro y ser conscientes de que él o ella no puede salvarnos del precipicio en el que hemos caído. Como afirma Mike Hale para el New York Times, más que evaluar la posibilidad de tener más de un compañero sexual, Wanderlust es realmente “un experimento sobre la fidelidad” porque para la mayoría es ¡casi imposible! “¿Sexo para salvar un matrimonio?” Se necesita mucho más para saciar ese hambre.

El hambre de Joy

Uno de los grandes hitos de la serie, que suele pasar desapercibido, es la representación freudiana del deseo a través del hambre. Desde el primer momento, Wanderlust está plagado de comida. El pavo, las magdalenas, los postres de la vecina, etc. La necesidad de los protagonistas de poder “sentir”, de satisfacer sus más profundos deseos, se traducen en un hambre impetuoso. Comen y comen. Sexo y sexo. Pero nada parece calmar el hambre de los personajes, sobre todo de Joy. Sin embargo, llega el quinto episodio, la magnífica secuencia de una terapia psicológica en tiempo real donde hallamos que el hambre y la crisis que padece la protagonista, tienen sus raíces en algo muy distinto a lo que ella esperaba…

En este mismo episodio, uno no puede evitar emocionarse o sorprenderse cuando aparece en escena el famoso libro de C. S. Lewis, “Una pena en observación” (Anagrama, 1994). En 1961, tras la muerte de su esposa Helen Davidson (curiosamente su segundo nombre también era Joy), el profesor de Oxford escribe este realista y conmovedor ensayo sobre el duelo, el cual sigue siendo una referencia para especialistas en psicología como William Worden. En lugar de decorar su texto con un lenguaje racionalista o espiritualizado, Lewis hace una descripción abrumadora de su devastada situación personal. No obstante, “Una pena en observación” no sólo contiene reflexiones en torno al duelo o el sufrimiento, en general. También posee pensamientos interesantes sobre la vida marital.

Uno de estos comentarios se da en medio de una tormenta de preguntas y dudas sobre la bondad y el silencio de Dios frente al dolor. Lewis sorprende al lector afirmando que si hay algo que pudo aprender durante esos años en los que se “daba un banquete de amor” con Helen, es que el otro no bastaba. “Queríamos algo más”, dice el escritor inglés, se trataba de “algo muy distinto”, de hecho, era “una clase de deseo muy diferente”. El matrimonio y las verdaderas amistades nos permiten disfrutar de momentos de verdadera aceptación, de auténtico perdón y amor. Por eso son tan especiales. Al igual que Joy, estos instantes, estos breves atisbos de placer, nos dan la impresión de que nuestra brújula nos ha llevado a buen puerto. Sin embargo, la pregunta de Tolstoy nos conmueve y exacerba aun más nuestra hambre, nuestro Wanderlust, como define la introducción de la serie, ese “fuerte deseo de”: “¿Por qué y para qué vivir, qué sentido tienen los deseos, y qué razones hay para hacer las cosas? En definitiva, ¿hay algo en mi vida que la muerte no vaya a desbaratar?”

Infieles

Wanderlust no es el primer relato de Payne en tratar la infidelidad. En 2011, para conmemorar el 400 aniversario de la versión King James de La Biblia y reinaugurar el recién reformado Bush Theatre de Londres, un gran elenco de actores, directores y guionistas produjeron la obra “Sixty-six books: 21st-century writers speak to the King James Bible” (en castellano no hay traducción pero su título sería “Sesenta y seis libros: escritores del siglo 21 responden a la Biblia de King James”) cuya transcripción fue publicada ese mismo año por Oberon Books. Como menciona la introducción de la obra, la idea era que cada artista respondiera al texto bíblico como bien le parecía. No importaba si era ateo, agnóstico, cristiano o de cualquier otra ideología o confesión. Entre los guionistas se encontraba Nick Payne, quien tuvo el encargo de crear el guion para el libro del profeta Oseas.

La pequeña obra es un tesoro que no todo el mundo sabrá apreciar. Payne tituló a su guion “Fugitive Motel” y cuenta la historia de dos amantes, Harry (así conoció a Rafe Spall) y Jane. El relato comienza con ambos protagonistas conversando sobre sus gustos en la cama. Luego, Jane manifiesta su interés por formalizar la relación con Harry y abandonar a su marido. Ambos acuerdan que ese mismo día dejarán a sus esposos. Cuando se ven de nuevo, Harry anuncia que ha dejado a su mujer sin muchos problemas, pero Jane se muestra dubitativa. Ha hablado con su marido, quien al saber sus intenciones se ha derrumbado y se ha puesto a llorar. Jane creía que la relación estaba acabada, pero al ver la reacción de su marido se da cuenta de que realmente él la ama. Harry le pregunta desesperado a Jane qué le dijo su marido cuando le preguntó si creía que su relación funcionaría, a lo que Jane responde: “sólo asintió con la cabeza en silencio, sólo asintió con la cabeza”. Jane ya no quiere dejar a su esposo.

A muchos el relato les parecerá herético pero pienso que Payne transmite muy bien el mensaje del libro de Oseas. El Evangelio nos dice que en lugar de dirigir nuestra mirada a Aquel que puede darnos el pan de vida (Juan 6:35), hemos sustituido voluntariamente al objeto de nuestro deseo. Nuestra infidelidad nos acusa y hemos escapado a un hotel a las afueras de la ciudad para intentar satisfacernos a nosotros mismos, a nuestra manera. Pero leemos los evangelios y descubrimos al igual que Jane, que la persona a la que hemos engañado no ha venido a condenarnos (Juan 3:17). En una cruz, Cristo Jesús, el fiel y justo perdona a los infieles e injustos (1 Juan 1:9). El esposo fiel ha vuelto a atraernos con sus lazos de amor (Oseas 11:4). Mientras el pecado añade incertidumbre a nuestras relaciones y la muerte nos despoja del poco amor que recibimos en esta vida, el Evangelio de Jesucristo nos invita a cantar por la eternidad una canción muy diferente: “Mi amado es mío y yo soy suya” (Cantares 2:16).

Dani Sazo
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