First Reformed: ¿Podrá Dios perdonarnos?

Sevilla, 07 de octubre de 2018. En "First Reformed" los cristianos nunca dicen lo que deberían decir, dudan, sienten la agonía de la soledad y atraviesan crisis existenciales que se codean continuamente con el deseo de morir. La nueva película de Paul Schrader (Michigan, 1946) se estrenó el pasado viernes 28 de septiembre en España y nos presenta un relato abrumador alejado de la ficción de las "películas cristianas" y más cercano a la desesperación de los salmos o el grito desgarrador de los versos de Job: "¿Por qué no morí yo en la matriz,/ O expiré al salir del vientre?". El guionista de "Taxi Driver" y "American Gigolo" se inspira profundamente en el cine trascendental de Bresson, Bergman y Ozu para recordarnos a escépticos y a creyentes que el verdadero problema del ser humano está lejos de ser solucionado con una buena educación o siguiendo las indicaciones de la "doctrina correcta".

Un caos profano

“Si no estás preparado, queremos que tarde o temprano te vayas”, dice Paul Schrader al presentar su película. El aviso del guionista y director no es para menos, la historia de “El Reverendo”, como se ha titulado en castellano, es un viaje oscuro y austero a las profundidades de la desesperación humana. Con ayuda de un diario y varios litros de Whisky, Ernst Toller (Ethan Hawke), reverendo protestante de la “Primera Iglesia Reformada de Snowbridge” al norte de Nueva York, comienza un autorretrato literario para calmar la angustia que le produce la crisis existencial que atraviesa. A pesar de todo ello, su labor como ministro continua y Toller intenta atender a Mary (Amanda Seyfried), una feligresa embarazada cuyo marido, Michael (Philip Ettinger), un ferviente activista medioambiental, desea que aborte al bebé para que este no sufra las consecuencias de un planeta degradado por el ser humano.

Las conversaciones creadas en el seno de la relación de estos tres personajes sirven como plataforma para que Schrader proponga un tenso cuestionamiento de las ideas y creencias de la audiencia. Como afirma Scott para el New York Times, la austeridad y ritmo del film nos “pide adoptar un punto de vista distinto sobre lo que pensamos que sabemos acerca de política, religión y otros temas”. Por esto mismo, quienes intenten buscar respuestas políticamente correctas o un debate religioso con los argumentos teológicos oportunos, se sentirá perdido al ver “First Reformed”.

La última obra de Schrader se desentiende por completo del cine de valores propio de la cultura evangélica donde los creyentes siempre son emocionalmente estables, bonachones, con los argumentos religiosos siempre preparados, y nos muestra por medio del humor ácido que al igual que los miembros de “Abundant Life”, la megaiglesia del pastor Joel Jeffers (Cedric Kyles), los cristianos nos sentimos incómodos y confusos a la hora de hablar del sufrimiento o el suicidio… por más que algunos quieran camuflar la incertidumbre e inseguridad con jerga “espiritualoide” o un frío tono académico, películas como esta nos recuerdan que como cualquier persona, los cristianos son incapaces de tener respuestas para todo. Por ello, “El Reverendo” evita mostrarnos a un líder espiritual impecable o a un activista medioambiental cuyas motivaciones siempre son altruistas, revelándonos de ese modo, el “caos profano” que somos cada uno de nosotros. Schrader escapa de las lecciones moralistas y vuelve a empapar su guión con esa clase de cine que tanto le cautivó en sus años universitarios: el estilo trascendental.

El cine trascendental de Schrader

Aunque la película fue rodada en tan solo veinte días, “First Reformed” no es un guión hecho con prisas (como ha sugerido algún crítico al ver el final), ni una obra más para Paul Schrader. El guionista de “La última tentación de Cristo” dice que su última película sería un “excelente punto y final" para su carrera como director. Esto sólo se puede entender si se tiene en cuenta la fascinación que el director ha tenido a lo largo de toda su vida por el cine de Carl Dreyer, Robert Bresson y Yasajiro Ozu.

No se debe olvidar que antes de guionista y director, Paul Schrader ha sido siempre teórico y crítico de cine como pocos en la actualidad. Tras acabar su diplomatura en la UCLA y dar sus primeros pasos como crítico con el apoyo de Pauline Kael, Schrader termina por pulir su tesis y publica en 1972 su obra teórica más emblemática: “Transcendental Style in Film: Ozu, Bresson, Dreyer” (University of California Press), traducida al castellano en Madrid como “El estilo trascendental en el cine: Ozu, Bresson, Dreyer” (Ediciones JC Clementine, 1999). Como él mismo menciona, “el estilo trascendental es simplemente esto: una forma fílmica de representación general que expresa lo Trascendente”. Y el hecho de que los representantes de este estilo provengan de diversas culturas, habla del carácter universal de las realidades espirituales que estos directores pretendían plasmar en pantalla. En palabras de Miguel Ángel Hurtado, “se trata, por tanto, de una clase de comunicación cinematográfica que se eleva sobre los condicionantes culturales o personales de la creación, ya que tiene una esencia universal”. Y esto cautiva enormemente a Schrader, ya que para él “existe una verdad espiritual que puede ser alcanzada de forma objetiva a través de una composición configurada con objetos e imágenes dispuestas unas tras otras, una verdad que no puede ser expresada por medio de una aproximación personal, subjetiva o cultural”.

Tras una cena con el director polaco Pawel Pawlikowski, ganador del Oscar a mejor película de habla no inglesa por “Ida” (2015), Schrader por fin decidió crear una historia que bebe de todos los directores que le han ayudado a formar ese estilo tan personal y distintivo que le caracteriza. Por eso, no debe extrañarnos que los diálogos de “First Reformed” se parezcan tanto a los de “Diario de un cura rural” (1951) de Bresson, o que los planos austeros y los escenarios minimalistas de Toller hagan alusión al cine de Ozu. Y es imposible ver la película sin recordar “Luz de invierno” (1963) de Bergman, quien también halló abrumador el desenlace de “Ordet” (1955) de Dreyer. El cine trascendental que “opta por el irracionalismo frente al racionalismo, por la repetición frente a la variación, por lo sagrado frente a lo profano, por lo deificado frente a lo humano, por el realismo intelectual frente al realismo óptico”, permite a Schrader presentarnos nuevamente a un personaje que vive en la tormentosa dicotomía en la que se encuentran todo hombre y mujer en esta vida: el anhelo de perfección y la angustia de no poder alcanzar por medios propios este deseo, en medio de un mundo que no hace más que recordarnos que estamos condenados a la autodestrucción.

¿Podrá Dios perdonarnos?

Quien haya seguido la trayectoria cinematográfica de Schrader y conozca algo sobre su vida personal, sabrá que los protagonistas del guionista no sólo se inspiran en dilemas filosóficos o iconos de la historia del cine, sino en eventos biográficos del propio Paul Schrader. Así como Travis Bickle en “Taxi Driver” era una sombra de los años turbios en los que Schrader, en plena crisis sentimental y vital, intentaba aliviar su angustia paseando con su coche por la ciudad mientras visitaba espectáculos pornográficos y bebía hasta provocarse una úlcera, Ernst Toller se inspira claramente en los dilemas y contexto religioso que siempre han perseguido al guionista americano.

Por ello, hay quienes creen que la forma de representar el sexo y la violencia en sus guiones son un intento agónico de Schrader por enfrentarse y deshacerse de los tabúes y pesadillas de su pasado religioso. Sin embargo, la obsesión de Schrader por estos tópicos parece estar más relacionado con su visión de la condición natural del ser humano que con un rechazo hacia la religión. De hecho, en una entrevista en el Seminario Teológico Fuller, él mismo ha reconocido que ha vuelto a acudir a una iglesia reformada, dando a entender que la fe de su infancia, lejos de quedar en el olvido ¡está más presente que nunca en su vida!

Las escenas de sexo, violencia y sobre todo de sangre, omnipresentes en todas las obras de Schrader, actúan como una manifestación física de la condición espiritual en la que se encuentran sus protagonistas, hombres de mediana edad, solitarios, con una vida sexual perturbadora, marcados por la muerte, buscando redención y salvación. Tanto Toller en “First Reformed”, como Travis en “Taxi Driver”, han hecho lo que mejor han podido, apoyados en ideas religiosas, políticas y culturales para deshacerse de la lacra que les carcome por dentro. Pero a través de la realidad de la muerte y el dolor se percatan de que eso no es suficiente. La envergadura del desastre es tal que se debe hacer algo más. Algo radical. Un sacrificio que les purifique por completo, un acto violento que acabe por salvarlos a ellos y a todos los que aman. “¿Podrá Dios perdonarnos por lo que le hemos hecho a este mundo?” le pregunta Michael al reverendo. Cualquiera esperaría una respuesta doctrinal y bien argumentada de Toller pero para nuestra sorpresa, el protagonista se muestra dubitativo. No es una pregunta para ser respondida, sino digerida. Esta incertidumbre acentúa aún más la visión trágica que Schrader posee de la naturaleza humana…

Una visión que se basa esencialmente en la enseñanza bíblica que recibió durante sus años de juventud. A través de paisajes desoladores y un vaso de ron con Pepto-Bismol (un medicamento para el malestar estomacal), “First Reformed” nos muestra con crudeza que nuestros intentos por salvarnos no han hecho más que acabar con nosotros mismos y todo lo que nos rodea. Al igual que la película de Schrader, La Biblia nos advierte que todos hemos sido partícipes de esta autodestrucción, y como recuerda Toller al citar los versos de Apocalipsis, un día llegará “el tiempo de juzgar a los muertos […] y de destruir a los que destruyen la tierra” (Apocalipsis 11:18). No se tratará de un acto terrorista, sino del justo juicio de quien se sienta en el trono blanco para juzgar a “cada uno según sus obras” (Apocalipsis 20:11-13).

Sin embargo, el Evangelio también nos anuncia que hay una alternativa para este triste final al que parece que estamos abocados. Como ocurre en la obra de Schrader, existe una relación que puede darnos una esperanza que no avergüenza (Romanos 5:5). Existe una historia de deseo y pasión que es capaz de redimirnos por completo, independientemente de nuestra situación moral, el conocimiento teológico o la formación educativa que poseamos (2 Timoteo 1:9). “¿Podrá Dios perdonarnos?”, en el Evangelio no encontramos una respuesta meramente racional sino una cruz con sangre, un acto radical y violento que da gracia y ofrece perdón (Efesios 1:7) por medio de Dios mismo, Jesús de Nazaret, aquel que fue herido por nuestras obras (Isaías 53:5) y en quien podemos confiar, arrepentirnos y cantar eternamente “I have blessed peace with my Lord so near/ Leaning on the everlasting arms”.

Dani Sazo
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