Estudio

Lars Von Trier y el final del poder del Anticristo

Barcelona, 22 de Febrero de 2010. Los aplausos de unos pocos espectadores se vieron abrumadoramente ahogados por los abucheos durante el final de la proyección de la película “Antichrist”, en el prestigioso festival de Cannes en 2009. También la prensa y los blogs posteriormente continuaron generalizando la opinión de que la obra era deliberadamente provocativa: "No tengo que justificarme” -alegaba su director, Lars von Trier, en una rueda de prensa. "Yo hago películas y esta además ¡es fruto de la voluntad de Dios! ¡Soy el mejor director de cine del mundo!".

Lars von Trier trataba de mostrarse seguro de sí mismo ante las críticas, como si lo tuviera todo bajo control, pero lo cierto es que meses antes no había previsto esa oposición. La depresión le había llevado a estar literalmente hospitalizado hasta que finalmente, con mucho esfuerzo y un renovado optimismo, acabó superando sus miedos. Durante el rodaje a veces apenas podía sostener la cámara, pero a la altura de la presentación de la película en Cannes estaba seguro de que el mundo se pondría a sus pies.

Este singular director danés hizo “Antichrist” para afrontar su enfermedad: "No estoy intentando decir nada... Es como un sueño convertido en película", agregó. "Es un sueño muy oscuro, sobre la culpa, el sexo y otras cosas". Su sueño está lleno de imágenes bíblicas y esotéricas que no dignifican el sexo o la violencia sino que lo llevan al punto de lo grotesco. Lars von Trier trató luego de hacer creer que las referencias al Génesis eran accidentales pero la película ha quedado como testigo en contra de esa opinión.

El mejor director de cine del mundo

Los cuerpos explícitamente austeros, desnudos y mutilados, tienen el claro objeto de producir repulsión. Pretenden producir un rechazo muy similar al que deberían en realidad producir las muy variadas formas de pecado, unas mostradas y otras no mostradas en la película. Formas que desgraciadamente en nuestro tiempo y civilización son especialmente objeto de burla o tabú. Podemos sentir pena del hambre en el mundo pero no podemos permitir que nos la muestren a la hora de comer. En esta, como en cualquier otra época, las personas que tratan de quebrantar las reglas son sólo una minoría marginada.

El título fue lo primero que tenía claro Lars von Trier y lo único que, en su opinión, debía permanecer. Tanto que cuando accidentalmente sus intenciones se hicieron públicas, al verse expuesto antes de lo previsto Lars se disgustó hasta el extremo y escribió otra vez todo el guión desde el principio conservando el mismo título. Se había habituado entonces a ver documentales sobre la vida salvaje en el bosque y era incapaz de ver mucho más allá de la crueldad que reina en la supervivencia de las especies. La idea que venía a su mente una y otra vez era la de una naturaleza sometida al poder del mal, en un mundo abandonado al poder del Anticristo.

Lars von Trier nació el año 1956 en un pequeño suburbio comercial al norte de Copenhagen, Dinamarca. Los padres de Lars von Trier educaron a sus hijos en los principios más fundamentales del comunismo y el ateísmo. Parece que lo tenía todo bastante claro hasta que Inger Trier, su madre, le confesó en su lecho de muerte que el verdadero padre de Lars había sido realmente Fritz Michael Hartmann, un célebre músico católico de origen alemán con el que había tenido una relación extramatrimonial. Antes de escribir “Antichrist” había hecho esfuerzos inútiles por mostrar interés en los milagros y el cristianismo y, de hecho, durante una época, pregonó que era católico a los cuatro vientos; según él, sólo para fastidiar a sus coetáneos protestantes. “Soy un muy mal católico” -decía ya cuando se estrenó “Antichrist” - “en realidad me estoy volviendo cada vez más un ateo”.

Un sueño muy oscuro sobre el mal

El amor, la paz y la esperanza duran apenas unos instantes en la película - tal y como ocurre en La Biblia. La historia del Anticristo de Lars Von Trier, a diferencia de la bíblica historia de Cristo, comienza con la muerte de un niño. Con esta muerte en lugar de inaugurarse una era de paz, se rompe el idilio de una joven pareja. Una analogía con la caída bíblica se hace especialmente evidente cuando los dos tratan de volver a un lugar llamado literalmente “Edén”. Allí intentan recuperar lo que han perdido pero entonces ya es demasiado tarde.

Un enorme árbol podrido preside el jardín y las criaturas mueren al nacer en el “Edén” de Lars von Trier. Como en la historia bíblica la culpa también enfrenta al hombre contra la mujer y viceversa. "Una mujer que llora es una mujer que conspira" -dice ella en la película. El enfrentamiento, sin embargo, es algo mutuo donde el orden de los factores no altera el producto. Sólo una lectura superficial como la que muchos han hecho del relato bíblico explicaría una misoginia explícita en la película. Lars von Trier no sólo tiene miedo a las mujeres, le tiene miedo en realidad a todo según sus propias declaraciones.

El zorro, que es al igual que la serpiente un símbolo del diablo, aparece de entre los helechos y sorprende al marido para advertirle que "reina el caos" - usando, curiosamente, una distorsionada voz del propio actor protagonista Willem Dafoe. No es casualidad que el zorro se lo diga a él, al hombre, que tanto esfuerzo ha hecho por mantener el orden. A partir de ese momento hay un evidente aumento del delirio, la crueldad y la violencia compartida. La película ciertamente no es apta para todos los públicos pero aquellos que estén dispuestos a asumir el reto podrán apreciar sus virtudes: una honestidad brutal y un trabajo elaborado hasta el más mínimo detalle, que va más allá de la belleza, en la misma línea en la que describe lo sublime un protestante inglés como Edmund Burke en su obra “Indagación filosófica sobre el origen de nuestras ideas acerca de lo sublime y de lo bello” (Tecnos, 1997).

Maldito el hombre que confía en el hombre

Alguien podría interpretar viendo la película “Antichrist” que el mal es simplemente una respuesta natural al sufrimiento. Pero ¿qué fue primero el huevo o la gallina? La Biblia responde que lo primero fue el pecado y después el sufrimiento, es decir, primero se produce el mal que infringimos nosotros y luego el mal que sufrimos. Es, por eso, que Cristo no localizaba el pecado fuera sino en lo más íntimo de las personas: "Porque del corazón” -decía Cristo- “salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias".

La enseñanza bíblica sobre el mal es la que ella, la esposa, encuentra buscando justo la enseñanza contraria. La búsqueda la hace primeramente en sus estudios sobre los juicios por brujería a las mujeres a lo largo de la historia. La interpretación de Charlotte Gainsbourg en “Antichrist”, por cierto, le sirvió para llevarse a casa el merecido premio a la mejor actriz en el mencionado festival de Cannes. La atracción de Lars von Trier por las personas mentalmente dañadas, que no ha ocultado en muchas de sus películas como en la trilogía de “Rompiendo las Olas”, “Los idiotas” o “Bailar en la Oscuridad”, vuelve a aparecer también en “Antichrist”.

La incapacidad que encuentran los personajes para ayudar precisamente a las personas que más aman reaparece una y otra vez en los directores nórdicos. No en vano dice también la Biblia: "Maldito el hombre que confía en el hombre". Tras una esmerada búsqueda por encontrar al enemigo de su mujer, después de descartar primero el jardín de Edén, luego a la naturaleza y finalmente a Satanás, el protagonista descubre que el enemigo de su esposa es realmente ella misma.

No hago lo que quiero, sino lo que aborrezco

La palabra “anticristo” aparece ya en la Biblia aplicada no sólo a una única persona sino aplicado a todos aquellos que en general se oponen a la actividad de Cristo. Friedrich Nietzsche, por ejemplo, conocía bien las Sagradas Escrituras y es en ese sentido que utiliza el concepto al ponerle título a su libro “The Antichrist” en 1895. El anticristo de Nietzsche encierra su crítica a aquellos que actuaban en nombre de Cristo. El escritor alemán, por cierto, también tenía que interrumpir a menudo su actividad creativa debido a sus recurrentes episodios de psicosis maníaco-depresiva.

Sabemos que Cristo se mostraba especialmente interesado en los enfermos, ya desde sus primeras apariciones en público, cuando cita al profeta Isaías: “El Espíritu del Señor está sobre mí. Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los cautivos, Y vista a los ciegos; A poner en libertad a los oprimidos”. A diferencia del Anticristo de Lars von Trier, Cristo, que es denominado en la Biblia también el último Adán, vino a vencer la muerte y hacer posible la paz.

Los primeros 10 capítulos de la Epístola a los Romanos del apóstol Pablo están al igual que el Libro del Génesis en el trasfondo de la historia de Lars von Trier. “Porque sabemos que toda la creación gime a una” -escribe allí el apóstol- “y a una está con dolores de parto hasta ahora. Y no sólo ella, sino que también nosotros mismos” (...) “Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago” (...) “¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?” (...) “Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos. Ciertamente, apenas morirá alguno por un justo, con todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno. Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores Cristo murió por nosotros”.

¿Dónde está, oh muerte, tu victoria?

Sólo Dios mismo, que no es como nosotros, podría haber roto un círculo vicioso como el que dramática, bella y acertadamente muestra Lars Von Trier en su película “Antichrist”. Pero esa historia, terrible y preciosa, no la cuenta ni Friedrich Nietzsche, ni Lars Von Trier, sino los evangelistas. “Porque de tal manera amó Dios al mundo” -dice literalmente el apóstol Juan de Cristo- “que dió su hijo unigénito para que todo aquel que en él crea no se pierda, mas tenga vida eterna”. Porque el mismo apóstol Pablo aseguraba que su fe no tendría sentido si con aquella muerte, Dios no estuviese al mismo tiempo dándonos vida a nosotros. Lars Von Trier, no en vano, termina su historia también con la resurrección.

Fue en esa esperanza que uno de los más terribles enemigos del cristianismo, convertido ya a esa misma fe que perseguía, podía decir una y otra vez aquello de que: "Sonará la trompeta y los muertos resucitarán con un cuerpo incorruptible, y nosotros seremos transformados” -escribe el apóstol Pablo en su Epístola a los Corintios. “Porque lo corruptible tiene que revestirse de lo incorruptible, y lo mortal, de inmortalidad. Cuando lo corruptible se revista de lo incorruptible, y lo mortal, de inmortalidad, entonces se cumplirá lo que está escrito: «La muerte ha sido devorada por la victoria.» «¿Dónde está, oh muerte, tu victoria? ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón?» El aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado es la ley. ¡Pero gracias a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo!".

Pablo Fernández
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Escrito en Barcelona por el () y actualizado por última vez el 2010-02-22. Hasta el día de hoy esta página ha tenido 4500 visitas.

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